El inicio de un proyecto personal.

I thought we were invincible.                   

Someone once said, “If you want something very badly… set it free. If it comes back to you,

it’s yours forever. If it doesn’t, it was never yours to begin with.”

Indecent Proposal, Jack Engelhard.

En un reciente artículo de Ash Maurya hace referencia a un gráfico curioso desarrollado por Sarah Prevette para explicar la evolución de un nuevo negocio.

Hace unos días alguien tuiteó sobre ello, pero realmente motivado por mi actual situación personal producida por no haber sabido escuchar ni entender a la persona que tenía a mi lado, me gustaría explorar, aunque sea desde un punto de vista filosófico, la relación entre la evolución de un proyecto de negocio y la evolución de un proyecto personal (por ejemplo, la de una pareja).

La evolución de un negocio depende necesariamente de la capacidad que éste tenga de conocer, escuchar y entender cómo viven sus potenciales clientes (no sólo qué necesitan o qué problemas o gustos tienen). Y de cómo después utilice esa capacidad para relacionarse en el tiempo con ellos. Parece evidente entonces que la evolución de un negocio se encuentra sometida a múltiples vaivenes. El gráfico de Prevette lo refleja en mi opinión acertadamente. Sería el tramo entre el Launch Hype (el lanzamiento, en la teoría tradicional del emprendimiento, o la primera vez que sales a la calle, en Lean Startup) y los humps of iteration (los altos y bajos que representan los fracasos).

¿Pasa algo similar con una pareja? Creo que algo así pasa. Creo que en todas las relaciones existen momentos en los que se hace necesario retroceder. Volver al punto cero (realmente nunca se vuelve al punto cero, y esta sí es una diferencia con un negocio, porque clientes por definición hay muchos, y personas mágicas una) y renacer desde ahí otra vez.

Para un negocio, o para quienes están tratando de encontrar un nuevo negocio, volver al punto cero es un contrasentido. Es ir contra natura. La razón y la teoría dicen que un negocio debe ir siempre hacia la derecha y hacia arriba. Pero nunca, nunca es así. El crecimiento de un negocio se apoya en su capacidad para crecer haciendo crecer a sus clientes (también a quienes lo crean, trabajan, invierten, etc. en él). Y conseguir eso requiere muchos malos entendidos, muchos reveses, muchos aciertos y mucha confianza. No necesariamente requiere mucho tiempo, pero sí un esfuerzo brutal a todas horas y todos los días. Y para asegurar su viabilidad, una empresa debe obligarse a hacer crecer a varios tipos de clientes, no sólo a uno. Y en todos los casos se trata de ir unos (los clientes) al lado del otro (el negocio).

En el caso de una pareja, el regreso al punto cero tampoco está bien visto. Suponiendo que exista la parte química entre los dos, parece razonable pensar que el crecimiento de la pareja también deba ser hacia la derecha y hacia arriba. Pero de nuevo el crecimiento debe apoyarse en la capacidad de cada miembro de la pareja en hacer crecer al otro. No creo que quepa la opción de plantear que un@ tire del otr@. Así se arrastra no se crece. Pero a través de los altos y bajos se va descubriendo cómo acoplar el ritmo de cada uno para encontrar un ritmo común de crecimiento, de sostenimiento del otr@. Es decir, de fortalecimiento de la pareja. De nuevo, el esfuerzo que requiere volver a intentarlo sabiendo que tarde o temprano se va a retornar al momento cero, y quizá la concentración que requiere, son enormes, las 24 horas del día. De conseguirse, el resultado es aprender a navegar juntos en esos altos y bajos. JUNTOS, no un@ delante y el otr@ detrás, o debajo, o encima. Es ir al lado (cogidos de la mano, en mi opinión, debería ser la representación de cualquier pareja) lo que reclamo.

Ese esfuerzo brutal, en el caso de los nuevos negocios, lleva al abandono prematuro en muchos casos. Realmente, lo que debería producir es un pivote o una iteración, es decir, un cambio en alguno de los elementos del negocio (o en varios) manteniendo el foco en hacer crecer a los clientes a los que cada vez se va conociendo más. Si realmente son interesantes a partir de ese mayor conocimiento, si realmente desde el negocio existe una voluntad de hacerles crecer y esos clientes tienen el mismo deseo hacia el negocio, entonces no hay que abandonar, hay que seguir en la montaña rusa. Incrementando el ritmo con el que se conoce a esos clientes. Poniendo más madera, más esfuerzo.

El esfuerzo o la necesidad de concentrarse en el otr@ para intentar entenderle, para conseguir ir al lado, no estorbarse, y ayudarse a crecer mutuamente, en la pareja lleva al desastre en un número altísimo de casos (como con los negocios). Pero claro, ¿cómo vas a esforzarte por alguien que te ha decepcionado? ¿Que te ha hecho volver al punto cero? Aquí además se asumen posiciones inamovibles, por distintas razones, que hacen que de vuelta al punto cero sea imposible volver a subir, porque cada vuelta al punto cero representa “una pérdida de tiempo, esfuerzo, una decepción y la posibilidad de recibir más daño”. Pero creo que hay pocas alternativas. Si existe la química, y si mi planteamiento es correcto, los altos y los bajos en este momento son lo normal. Si realmente se sigue viendo al otr@ como alguien que te puede ayudar a crecer, con el que caminar juntos, con el que poder construir juntos, los puntos cero son pasos normales. Dolorosos, incomprensibles, irracionales y normales.

En ambos casos, la no aceptación de esa montaña rusa supone la vuelta a otro momento cero. En el caso de los negocios, al desmembramiento del equipo de fundadores y en el mejor de los casos a haber consolidado unos lazos de amistad. Pero habitualmente surge la queja y el rechazo entre los socios. Y para todos esos socios, se hace necesaria la vuelta a la búsqueda de una alternativa que, sí o sí, tendrá un recorrido similar probablemente con nuevos socios. O al abandono definitivo de las ganas de crear un negocio.

En el caso de la pareja, el nuevo momento cero implica volver a entrar en la montaña rusa. Más adelante. O abandonar definitivamente la feria. Y es que la montaña rusa impone.

Cuando salga de mi situación actual, y supuesto que este paralelismo que he tratado de establecer entre dos tipos distintos de relaciones humanas, tenga sentido, expondré cómo veo la continuación a esa montaña rusa. Porque es el siguiente paso en el crecimiento.

Lecciones aprendidas.

1) Los nuevos negocios y las parejas se ven sometidas en su momento inicial a los altos y bajos de una montaña rusa.

2) La montaña rusa en el caso de los negocios obliga a pivotar e iterar para conseguir conocer, entender y ayudar a crecer a los clientes, siempre y cuando éstos estén dispuestos a hacer lo mismo con el negocio. Durísimo.

3) La montaña rusa en el caso de la pareja obliga a necesitar ver 2 cosas en el otr@ (existiendo química): (1) A una persona capaz de hacerme crecer (que me abre las puertas) Y (2) a una persona que quiera hacerme crecer (que quiere entrar por las puertas que yo abro). Y creo que mi pareja podría necesitar algo parecido. Y caminar juntos, un@ al lado del otr@, renaciendo juntos de cada momento cero y superando juntos la montaña rusa, abriéndose mutuamente las puertas y ayudándose a entrar por ellas.

Un comentario en “El inicio de un proyecto personal.

  1. ¿Personas mágicas solo hay una? Estamos jodidos entonces. Yo casi prefiero pensar que lo único que es único es la magia que se produce entre dos personas que se conocen, se enamoran y todo eso. Esa magia dura lo biológicamente necesario para la procreación y la supervivencia de la especie. Años después lo que hay es otra cosa, que puede ser igual de “bonita” y además necesaria ya no para la supervivencia sino para la superpoblación.
    Novios, novias, maridos, mujeres, padres, hijos, amigos, hermanos…clientes: Con todos nos relacionamos de una forma o de otra y existen elementos comunes y diferenciales. Pero no me quiero extender…
    La magia está en el aire. Siempre disponible. Pero solo llega si se sabe buscar.
    Uy, como los clientes de un negocio.
    Nostalgia cero.